viernes, 14 de diciembre de 2012

Despedida


La expresión Margaritas a los chanchos proviene, dicen, de la Biblia. En Mateo 7:6 se lee: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen”.

Como parte del pasaje de la escritura a la oralidad, con el tiempo perla ha sido traducido o canibalizados como margarita, y los cerdos han devenido en chanchos. Quizás por esa visión romántica de que una flor es una joya de la belleza, y un chancho es una metáfora de lo mugriento y lo repulsivo. De ahí que en vez de decir “No tires perlas delante de los cerdos”, se diga “no tires margaritas a los chanchos”.

El programa Margaritas a los chanchos nació del sentido de esa frase y de la suma de ideas de tres amigos: Juan, Guille y quien les habla. Asados y vinos de por medio, convenimos en que el ciclo debía tener literatura, humor, música y entrevistados. Eso era todo lo que sabíamos allá por marzo de 2009. Aunque estábamos seguros de lo que queríamos, no dejaba de sonar un poco delirante.

El lugar no podía ser otro que la Pura: una radio que no es comercial, que desde el interior de la provincia de Buenos Aires transmite una variedad musical que seguramente en muy pocas FM del país pueden escucharse, y con una gran cantidad de oyentes que le guardan una fidelidad asombrosa, sea desde el 95.1 (va a costar desacostumbrarse a decir 94.9) o a través de la web.

Claro que al principio hubo que explicarles a los oyentes que el nombre del programa no hacía alusión a un mensaje despectivo hacia ellos; que ellos no eran los chanchos y que nosotros no éramos, particularmente, margaritas. La intención era revelar lo improductivo de ciertas actividades artísticas o culturales que a veces llevamos a cabo los seres humanos: invertimos esfuerzos en cosas que terminan resultando inútiles, apoyamos causas perdidas, nos perdemos en laberintos creativos sin solución. Para hacer uso de otra voz popular: gastamos pólvora en chimango.

Pero, sin querer, incurrimos en una contradicción: el programa no terminó siendo un esfuerzo inútil, sino todo lo contrario. Por acá pasaron entrevistados como Adriana Varela, Diego Capusotto, Abelardo Castillo, Marcelo Birmajer, Alejandro Medina, Raúl Porchetto, Gustavo Nielsen, Leila Guerriero, Federico Jeanmaire y muchos, muchísimos más. Hicimos unas 80 entrevistas, contamos cientos de historias sobre canciones, discos, libros, músicos y escritores. Grabamos la mayor parte de todo eso con la minuciosidad que la tecnología nos permitía. Subimos muchas al blog; varias fueron publicadas en papel, alguna llegó a la televisión. Generamos más de mil archivos en la categoría “Margaritas” del DyneSat, el programa que se usa en la PC de la Pura para ordenar lo que se emite al aire. Nos reímos, nos asombramos, nos regocijamos, bebimos, estuvimos alertas cuando las cosas no salían bien, le pusimos énfasis, tiempo e imaginación. 

Durante estos últimos cuatro años, además, y como si todo lo anterior fuera poco, Margaritas a los chanchos se estableció como un lugar de encuentro de amigos. Cada jueves (fuera semanal o quincenal) se volvió una cita obligada, una misa etílica y de charla larga. De cofrades, de camaradas, de compinches. Operador técnico, doctor, almacenero, diseñador gráfico, fotógrafo, barman, empresario del transporte, hombre de campo. No nos quedó ningún rubro por cubrir.

Hoy, tras cuatro años, Margaritas a los chanchos se despide. En todo este tiempo, mucha gente ha definido al programa como “de culto”; Santiago prefirió definirlo como “mito viviente”. Me quedo con esta idea. Como dijo Ramón Díaz: chau, muchachos, nos vemos...

Como dijo Ramón Díaz: chau, muchachos, nos vemos...

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